Este año en Madrid 30.000 niños de 0 a 3 años se han quedado sin plaza en una guardería pública, escuela infantil o cómo se le quiera llamar.
Esperanza Aguirre prefiere que no se hable de “lista de espera” porque “nadie tiene derecho” a escolarizar a sus hijos de 0 a 3 años. Y, al no existir tal derecho, la Administración no tiene obligación de proveer esta clase de prestaciones a los ciudadanos. En apoyo de su argumento, compara las guarderías a los pisos de Protección Oficial a los que, en definitiva, ningún ciudadano tampoco tiene derecho. En fin, todo este argumentario nos lleva a la convicción de que, según la postura oficial vigente en Madrid, proveer esta clase de servicios es más un acto de caridad que una prioridad y que, por tanto, tenemos que estar bien agradecidos y no hacer demasiadas preguntas.
A mí gustaría aprovechar este post para hacer referencia a una serie de cosillas que el Gobierno de Madrid tampoco tiene obligación de hacer (pero que, al fin y al cabo, hace) y, sobre todo, de cuánto nos han costado esas cosillas de nada a nosotros, los ciudadanos.
Caja mágica: 160millones de euros Traslado del Ayto a Cibeles: 440 millones de euros
Gastos preolímpicos Fase I: 10, 7 millones de euros
Gastos preolímpicos Fase II: 29,7 millones de euros
TOTAL: 640 millones de euros
El coste medio de construir una Escuela Infantil es de 1,2 millones de euros y su capacidad media de 110 niños.
Si dividimos el total de estos gastos nos salen unas cuentas de lo más chachi. Fijaos: con los 640 millones de nada, se podrían haber construido 533,6 guarderías, lo que daría cabida exactamente a 58.703 niños. El doble de los que no han obtenido plaza. ¿qué significa esto? Que, con la mitad de lo que han gastado entre el Madrid preolímpico y el nuevo palacio del Alcalde estaría resuelto el problema en Madrid para todos. Pero la realidad es otra: 30.000 familias sin Plaza y me imagino que esto es así por una mera cuestión de prioridades, donde los ciudadanos y sus necesidades cuentan más bien poco. También creo que las 30.000 familias que nos hemos quedado sin plaza en una guardería pública (que, por cierto, son las que tienen las mejores instalaciones) somos personas de clase media y, como tales no reunimos los suficientes puntos para el acceso a la “caridad”. Pero el caso es que también somos –y eso conviene no olvidarlo- las que pagamos más impuestos, cuyo destino tan frívolamente deciden los dirigentes de Madrid en clara connivencia con las mayores empresasdel país.
Estando en un puesto de dos dígitos de una enorme la lista de espera, sin ninguna posibilidad de obtener plaza a uno le acaban dando ganas de que la manita con que nos saluda Gallardón con ese lema en Spanglish “Hola Everyone” sea sustituido por un buen corte de manga con un lema también en Spanglish que diga: Where are my impuestos ?
Publica hoy El País un artículo en el que cuenta que los hosteleros de Barcelona están pidiendo a la autoridades que pongan algún tipo de límites al comportamiento de “sus” turistas a los que, por lo visto, les da por ir en traje de baño por la calle, lo cual afea notablementela imagen de la ciudad.
Imagino que la impresión estética será algo parecida al mes de agosto en Torremolinos, cuando el problema es que, en realidad uno no está en Torremolinos sino en una de las ciudades más importantes de Europa y probablemente también esté en uno de sus espacios más bellos. Lo llamativo de todo esto es que son los propios hosteleros los que exigen que las autoridades impongan dichos límites (!). Probablemente esto será el paso previo para pedir algún tipo de ayudas al Estado, como ocurrió en su día con los bancos…
Fuente: elpais.com
Hace un par de días una amiga me comentó que había estado en Venecia y que había vuelto bastante horrorizada de lo que le había parecido una especie de parque temático rebosante de hordas de turistas color gamba.
Vivo cerca de la Calle Mayor, donde en el último año han abierto 13 tiendas de souvenirs de esas donde venden llaveros horrorosos y demás recuerdos kitsch con que un turista kitsch decorará una casa probablemente kitsch. Es lo malo que tiene la vulgaridad, que se extiende como una mancha de aceite. Y sinceramente no entiendo cómo en un entorno supuestamente protegido se toleran tales atentados estéticos: música a todo volumen oletreros luminosos capaces de provocar un ataque epiléptico. El Boom de esta clase de engendros coincide sospechosamente en el tiempo con la prohibición del Ayuntamiento de Barcelona de abrir nuevas tiendas de souvenirs en el casco histórico. Tengo la teoría de que esta prohibición ha debido de producir en Madrid una especie de “efecto llamada“.
Lo paradójico de todo esto es que supuestamente la apuesta por llevar el turismo al centro de las capitales tenía como objetivofrenar la degradación de ciertos barrios y ahora ocurre que está siendo el turista un elemento que favorece la degradación.
Todo sistema encierra en sí el germen de su autodestrucción y este efecto se agudiza cuando el sistema elegido sólo favorece a una minoría. Como vecina del centro creo que los turistas fueron buenos en su momento para echar a los quinquis , pero ahora que los quinquis se han ido… sólo sirven para que unos cuantos empresarios ganen dinero.
Pero a los vecinos… nos llenan la Calle Mayor de tiendas kitsch, hacen que todo sea más caro, etc. Y ahora resulta que también afean y degradan.
Loque les pasa a los hosteleros barceloneses es lo que les suele pasar a los avariciosos, que la avaricia, tarde o temprano, acaba rompiendo el saco.
Soy una firme convencida de que esta burbuja turística tarde o temprano estallará, salpicándonos a todos. Sólo espero que, mientras eso no ocurra, a esas hordas mal vestidas no las manden a Madrid. Es un ruego.
Uno de los planes que solía hacer de vez en cuando era subir a tomar una cervecita a la terraza del Hotel ME Reina Victoria, situado en la madrileña y céntrica a más no poder Plaza de Santa Ana. Aunque te meten un buen clavo por una consumición, siempre consideré que las vistas y lo agradable del lugarmerecían la pena. Hasta hoy.
Intente subir a las siete y media de la tarde del domigo con mi marido y mi hijo de casi dos años pero no pudo ser porque un portero nos impidió la entrada. Primero me pidió 12 euros por persona con consumición incluida. Como vio que estábamos dispuestos a pagarlos nos dijo que la dirección del hotel no permitía la entrada de niños … ¡¡A LAS SIETE DE LA TARDE EN UNA TERRAZA AL AIRE LIBRE!!
Vergonzoso es el calificativo que mejor define esta estrategia de un establecimiento que alardea de moderno, pero que resulta cubrirse de la caspa más cañí, un lugar donde los niños no son bienvenidos pero probablemente las lumis, los cocainómanos, y demás fauna vulgar que pulula por Madrid tenga las puertas abiertas.
Un sitio al que no volver y al que recomendar no ir.
Edito… después de ver las fotos de la página web del Hotel me da la impresión de que en lugar de un hotel, están anunciando un puticlubde lujo. Tal vez por eso no se permita el acceso a los niños…
Sólo me queda desearles mucha mierda. Pero de la buena.
Con el advenimiento de la “cultura blog”, muchos han comenzado a pensar que la prensa está muerta. Algunos auguran que su futuro será el más negro de los posibles. En este sentido, son muchos los que creen que no podrán sobrevivir aquellos medios que no estén basados en el talento, ni en la creatividad, ni en la originalidad, sino en el monopolio de una gigantesca y antiecológica red de distribución de celulosa imposible de replicar.
Al principio pensaba que tales vaticinios eran un tanto exagerados pero, tras lo ocurrido ayer, he empezado a pensar que a los que sostienen tal teoría no les falta razón. Me explicaré.
El pasado 17 de junio, el blog Nosolometro lanzó una encuesta entre la comunidad digital de lectores madrileños pidiendo a los lectores sugerencias para poner un mote al nuevo intercambiador de la Puerta del Sol. La idea se la debemos a Dani, autor de Nosolometro.
Imagen de la marquesina para la que se busca nombre. (Nosolometro)
Un día después, el 18 de junio, el diario digitalSomos Centro, recoge el testigo de Dani y, citando la fuente original de Nosolometro, alude a la lluvia de ideas para denominar a la nueva marquesina. Hasta aquí, todo correcto.
Cuatro días después, esto es, el 22 de junio, el diario El País publica, un artículo invitando a los lectores a sugerir nombres para la marquesina de la Estación de Sol. Evidementemente, la idea original de este artículo había sido de Dani, y los demás medios recogieron lo publicado por Nosolometro, con la diferencia de que El País no cita la fuente original.
La situación de competencia creada como consecuencia de la proliferación de blogs le ha puesto las cosas difíciles a la prensa. Pero, por más negra que sea la situación, hay muchas maneras de sobrevivir. Fagocitar el trabajo y la creatividad ajenas sin siquiera reconocer la autoría no creo que sea el mejor camino, ni me parece digno de un medio de la talla y el prestigio de El País. Pienso que el derecho de cita es mucho más que un derecho, es un gesto de caballerosidad y elegancia, máxime teniendo en cuenta la diferencia de dimensión entre El País y Nosolometro. Pensad en ello para el futuro.
Gracias a algunas páginas amigas me he enterado de que está en ciernes una especie de movimiento “subversivo” en la ciudad. El movimiento se llama Fuck Madrid 2016 y, combinando arte y activismo a partes iguales consiguen algo llamado “artivismo” que busca boicotear el tan ansiado sueño de Gallardón de conseguir la candidatura olímpica de la ciudad para 2016.
Un ejemplo de este "artivismo" (Fuente: somoscentro.com)
El truco es simple: mediante un sencillo borrado se eliminan unas cuantas falanges de la emblemática mano de la candidatura Madrid 2016 y voilá, el resultado en la imagen de la derecha.
Al parecer, a los artivistas (que cada vez son más) les da por tunear los carteles de apoyo que inundan la ciudad en un ejercicio de gran sencillez e incalculable impacto. Me fascina de estos movimientos su carácter anónimo, y espontáneo y me parece un fenómeno cultural comparable a las antiguas coplillas satíricas que recitaban todos pero que nadie sabía ni quien las había escrito.
Que el movimiento tenga o no éxito dependerá de su aptitud para conectar con el inconsciente colectivo de los ciudadanos, que cada vez con mayor intensidad sentimos que los sueños y deseos del Alcaldepoco o nada tienen que ver con los nuestros. Muchos ciudadanos queremos menos contaminación, más parques, más escuelas infantiles, más bibliotecas… Pero estos sueños poco o nada tienen que ver con los de aquellos que aspiran a seguir viendo grúas levantadas, turismo de masas consumistas, ruidosas hordas domingueras que llenen los bolsillos de los hosteleros sin importarles que el Distrito Centro de Madrid se haya convertido en el meódromo de la capital.
Indignación, mucha indignación pero el humor para canalizarla. Y tal vez esto sea sólo la chispa capaz de prender una hoguera.
“Estar en contra de Madrid 2016 no es estar en contra del deporte….es estar en contra del comercio y la especulación que se hace con la excusa de los Juegos Olímpicos. Es estar en contra de la estrategia de que con los JJOO se pagará el asombroso endeudamiento de la ciudad… Estamos en contra de un centro de madrid pensado para el consumismo yonki. Estamos hartos de que usen el miedo y la inseguridad para petar de cámaras y de policías el Centro.(…) Estamos en contra del privilegio a los coches humeantes y contaminantes y de la falta de inversión en carreteras para la bici. Estamos en contra de que ahoguen a la juventud con crisis, hipotecas, trabajos basuras…” (declaraciones de los “artivistas” a somoscentro).
Sin duda, el abandono de las instalaciones públicas por parte de nuestros gobernantes (supuestamente encargadas de custodiarlas ¡¡y evitar su deterioro!), se debe a la falta de mecanismos eficaces de reprobación pública. Los mecanimos tradicionales de queja y denuncia han sido siempre enormemente asimétricos y generalmente unidireccionales.
En la web "queremosjugar" puedes colgar fotos como esta
Cuando llevas a tu niño al parque y ves restos de botellón, o desechos humanos (ejem…), o cristales, o que un columpio está a punto de romperse, y tantas otras cosas que hay que decir públicamente, a uno le quedan varias alternativas: a) cabrearse sólo, b) cabrearse y mandar una carta a la prensa, confiando en que la publiquen, lo cual pocas veces ocurre.
La organización “Save the Children” acaba de crear una página web en la que los padres puedan publicar directamente quejas sobre el mal estado de los parques infantiles. La página se llama queremosjugar y tiene la ventaja de ser interactiva, es decir, que no tienes que esperar la aprobación de ningún “comité de redacción” para ver publicada tu queja.
Con iniciativas como estas, no me extraña que la prensa esté en crisis.
Tengo entendido que el día de las elecciones está prohibido hacer campaña. Pero hoy me he pasado por mi colegio electoral (que es San Ildefonso, en Madrid) y he visto, con estupor, como los interventores del PP, PSOE y UPyD lucían unas”minipancartas“ colgando del cuello, más o menos de unos 20 x 10 cm a todo color. Los del PP, además de eso, llevaban en la mano unas carpetas tamaño DIN-A4 con el azul corporativo y la gaviota y toda la imagen del partido. Lo curioso de ello es que las acreditaciones de los tres partidos tenían idénticas dimensiones, como si hubieran sido consensuadas de antemano (!).
Es cierto que los apoderados de los partidos tienen obligación de “identificarse” con objeto de dar a conocer al electorado el propósito de su presencia en los colegios. La misma Ley que les obliga a identificarse, les prohibe “hacer campaña”.
¿Dónde está, pues, el equilibrio? ¿se les permite que se conviertan el “hombres anuncio” y, que tal vez, el año que viene los tengamos a todos con “uniforme”, agitando banderolas?. Creo que esta práctica es un fraude al espíritu de la ley que pretende garantizar la igualdad de oportunidades de todos los partidos, incluso de aquellos más pequeños cuya débil infraestructura no les permite presentar apoderados en todas las mesas.
Y, de momento, protesto con este post. Pero, si algún día, por suerte, o por desgracia , me toca ejercer de presidenta en alguna mesa electoral, denunciaré a todos estos hombres-anuncio de los partidos por pasarse de listos. Con un par.
Según se cuenta en los mentideros digitales , Amnistía Internacional no ha conseguido que el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo catalogue un anuncio televisivo como “servicio público”. El resultado de esta evaluación negativa es que, si quieren emitir este anuncio en la TV, habrán de pagar por ello.
Es decir, que este spot estaría a la misma alguna que el de Susana Griso explicando cómo actúan los bífidus, por ejemplo, lo cual resulta enormemente llamativo (!).
Como modesta bloguera discrepante del parecer del Ministerio de Industria ahí va la emisión gratuita del spot. Y, a los blogueros que me lean, les propondría hacer lo mismo, a ver si conseguimos la difusión que le ha denegado el Ministerio.
Mi admirado Javier Marías publica en EL País Semanal un artículo de opinión con el que no puedo estar más de acuerdo. Se titula “Tengo un Razonamiento“, parafraseando el lema “Tengo una corazonada” con que el Ayuntamiento pretende promocionar la candidatura olímpica de Madrid. En el artículo, Marías carga las tintas contra la irresponsabilidad de nuestros responsables políticos que se empeñan en perseguir afanosamente las Olimpiadas para Madrid, cuando no se preocupan de la calidad de vida de sus habitantes.
La percepción de que los ciudadanos somos un estorbo para las autoridades no la tiene sólo Javier Marías y somos muchos los que la compartimos. Personalmente, no entiendo qué motivación ha llevado al Alcalde a invertir 70 millones de euros en obras innecesarias en el distrito Centro de Madrid, cuando las dotaciones sociales de mismo están muy por debajo de las recomendaciones de la Unión Europea.
Los vecinos del distrito centro no tenemos polideportivos, ni carril- bici, ni escuelas infantiles, ni centros de día para mayores, ni bibliotecas públicas, dotaciones que venimos reclamando con insistencia mientras vemos cómo el Ayuntamiento dilapida el presupuesto de nuestro distrito, no en satisfacer las necesidades de los vecinos (que son muchas), sino en obras sin criterio como levantar y volver a construir las aceras varias veces. Parece que se hayan vuelto histéricos.
Por lo demás, dudo de que la estadística municipal que cifra el apoyo popular a la candidatura de Madrid para las Olimpiadas en un 90 por ciento, sea cierta. Habría que ver en qué términos se ha planteado la encuesta y a qué personas. Porque, sin duda, en los tiempos de restricción presupuestaria que vivimos, pocos dudan de que haya otrasprioridades de gasto público. Un ejemplo, la Caja Mágica (que nadie sabe muy bien para quién es y para qué sirve) ha costado 160 millones de euros. Lo mismo que 75 escuelas infantiles.
Cito uno de los párrafos del artículo:
“Todas esas autoridades, si de verdad quisieran una Olimpiada, lo primero que harían sería permitirvivir aquí. Es decir, pasear, respirar, trabajar, descansar, dormir. Dejarnos en paz. Es ya una cuestión de supervivencia: somos nosotros o ellos. Que se vayan ellos, por favor.”
Leo en el blogCuesta Arriba las desventuras de un minusválido de visita por el Centro de Madrid. Con un notable sentido del humor, un joven discapacitado narra su periplo para encontrar un aseo público para minusválidos en los aledaños de la Plaza de Oriente. Más fácil le sería encontrar la piedra filosofal.
Como madre que desde hace año y medio me veo obligada a empujar una sillita por el centro de Madrid he llegado a sentir en mis propias carnes las dificultades con las que se enfrentan a diario los minusválidos.
El grave déficit de Escuelas Infantiles en nuestro Barrio (la lista de espera de la única Escuela Infantil, “La Paloma” tiene varios folios), unida a la sorderacon que los responsables políticos han atendido a las pretensiones de los vecinos, determina que, hasta que las cosas cambien en esta ciudad, tengamos que resignarnos y buscar una Escuela Infantil en una zona lo más próxima posible que, por lo general, suele estar a varios kilómetros de nuesro barrio.
Resulta, pues, necesario recurrir al transporte público. Y aquí es donde empiezan los problemas de movilidad.
La mayoría de las estaciones de metro no están adaptadas y siempre están las dichosas escaleras. Subir y bajar cada día tres tramos de escaleras cargando la sillita a pulso (unos 20 kgs en total) la pone a una de muy mala leche, además de generar todo tipo de dolores de espalda que hacen nuestra vida más y más estresante.
La única opción es desplazarse en autobús. Afortunadamente, desde hace dos años, está permitido entrar con cochecitos de bebé en el bus. Pero la mayoría de los autobuses de la EMT no permiten más de un carrito (o silla de minusválidos), lo cual significa que si estás en la parada con tu bebé, cociéndosele el cerebro a 40º y llega el tan ansiado autobús, a ciertas horas, es muy probable que ya haya una sillita y tengas que esperar una media de ocho o diez minutos mientras el cerebrito de tu bebé continúa en ebullición a pleno sol mientras inhala dióxido de carbono.
A veces, algún conductor piadoso nos deja subir a pesar de que haya una sillita dentro. Pero, entonces, es posible que dentro del autobús, haya alguna señora amargada que proteste por ello (no exagero, me ha ocurrido ya dos veces) y me recuerde que ella crió a sus hijos sin tales “privilegios” y que no es “lógico” que los carritos de bebé puedan subir a los autobuses. Entonces, directamente, surge de mí la “madre-leona” que llevo dentro y el resultado de ello es que dejo a la señora hecha trizas.
Luego reflexiono y llego a la conclusión de que tal vez esa señora es “así” porque durante su vida nadie se ha ocupado de que tuviera el más mínimo bienestar y ha tenido que hacerse cargo ella sola de la crianza de los hijos en unas circunstancias ciertamente penosas.
Inevitablemente dentro de unos años no quiero ser una amargada como esa señora, ni que mis conciudadanas lo sean tampoco. Así que haré todo lo posible por romper esa cadena, desde mi modestísima posición de bloguera.