Todos contra el impuesto de la basura
Nada más de llegar de Copenhague, donde él y su alegre comitiva de doscientas personas (algunas más que amigas) habían repartido jamones de Jabugo a diestro y siniestro, Gallardón entre el fracaso que pesaba como una losa y mientras rumiaba unas falsas quejas que pretendían ocultar el frío engaño a la ciudadanía con “eso” de los Juegos, Gallardón volvió a casa, y nada más aterrizar, se lanzó a exigir a los vecinos un nuevo impuesto disfrazado de tasa.
Nada más inoportuno: todos hemos sido testigos de ese vivir a todo trapo de él y su comitiva y quién sabe cuántos cargos de confianza (se dice que 1500) pero todo ese joie-de-vivre lo pagamos los ciudadanos mediante impuestos y, cuando éstos no llegan, (simple equilibrio, los gastos superan a los ingresos) se recurre a otras fuentes, como el impuesto-tasa de recogida de basuras.

Imagen tomada de la Fundación Vida Sostenible
Esta tasa parte de un error fundamental, de un pecado original, si se quiere: su cuantía no depende del servicio que presta el Ayuntamiento a cada ciudadano, sino de la capacidad contributiva de cada uno (medida por el valor catrastal de inmueble). La tasa, por su naturaleza jurídica, es una contraprestación que la Administración recibe por sus servicios. Por tanto, según la Ley, la tasa no puede exceder de coste real o previsible del servicio y han de pagar más quienes más servicios reciban. Y esto es precisamente lo que las diferencia de los impuestos. Los impuestos son aportaciones realizadas en función de la riqueza (capacidad contributiva) de cada uno. El matiz es fundamental: en materia de impuestos, han de pagar más quienes más tienen y esto no ocurre en materia de tasas, donde quienes más pagan son quienes más servicios reciben.
Dicho esto, la tasa de recogida de basuras debía haberse fijado en función del servicio que cada uno recibe y no en función de su capacidad contributiva. Es decir, cuanta más basura generes, más tienes que pagar y no cuánto más valor tenga tu casa, más tienes que pagar. Y lo que da una idea más que aproximada de la basura que genera cada uno (y, en última instancia, de cuántas personas viven en una casa y de sus hábitos ecológicos) es precisamente el consumo de agua
La tasa podría haberse calculado de una manera más justa: el cálculo lo puede hacer hasta un niño de primaria. Se divide el coste del servicio y entre los usuarios (incluyendo administraciones públicas) en función de su respectivo consumo de agua. El consumo de agua da una idea fehaciente de la basura que se genera en cada hogar y de paso se fomentaría un uso responsable de la misma. La conclusión es que el Ayuntamiento parece esencialmente interesado en cobrar, sea como sea, y lo gestiona de manera apresurada, chapucera y poco reflexiva.
Pero aparte de que la metodología empleada para el cálculo de la tasa carece de fundamento, es más que cuestionable la existencia misma de esta tasa. Bien es verdad que esta tasa tiene parangón en otros países europeos, pero no es menos cierto que, en estos países, los ciudadanos reciben servicios públicos. ¿O acaso el Alcalde pretende que nos comparemos con Holanda o Dinamarca? En estos países la gente paga muchos impuestos (de eso no hay duda), pero éstos sirven para pagar servicios sociales, y a nadie se le niega una plaza en una Escuela Infantil Publica o en un Centro de Día para mayores. En estos países hay instalaciones deportivas públicas. Recibir esta clase de servicios en el Madrid de Gallardón es poco menos que un sueño.
Madrid se parece más a Versalles que a Holanda.
Tamaño cúmulo de despropósitos ha cabreado a la ciudadanía en un país donde la clase política estaba falsamente acostumbrada a una ciudadanía abotargad y , resignada. Pero nada más lejos de la realidad. Los españoles somos los toros, parecemos pacíficos y no reaccionamos hasta que algo nos toca los cojones de verdad. Entonces embestimos por sorpresa y hay en la Historia de Madrid suficientes ejemplos que dan fe de los riesgos que para la clase política implica tomar decisiones de esta naturaleza: el motín de Esquilache, por ejemplo, en el que el pueblo se rebeló contra un edicto que vulneraba su privacidad.
Nadie pudo entonces calcular las consecuencias de algo aparentemente inocuo, pero en una situación de crisis económica, hay pólvora por doquier y cualquier acontecimiento, por nimio que parezca en sí mismo, puede ser una chispa, y ningún acontecimiento, ninguna decisión son separables del “todo”.
Y sin duda, Internet no servirá más que para acelerar este proceso y por doquier circulan ya formularios de impugnación de la tasa.
Esto parece el principio de algo.
Privatización de la sombra

La Plaza Mayor de Madrid ya no tiene árboles ni bancos... es una explanada donde abrasa el sol.Hasta la sombra se ha privatizado.
Supongo que el estado actual de la Plaza Mayor es consecuencia de la modernidad, de esa “apertura al mundo” de la ciudad y, como no, del afán de recaudar tasas municipales capaces de sufragar el altísimo nivel de nuestros dirigentes municipales.
Pero ¡ay! hubo un tiempo no muy lejano en que la Plaza Mayor era un hermoso vergel. En aquella época, los ciudadanos podían sentarse tranquilamente a leer el periódico a la sombra de un árbol mientras oían cantar a los pajaritos. Pero aquella realidad pertenece a una época en que las plazas públicas eran para el disfrute de los ciuadanos y no para el negocio de los políticos.
Llegados a este punto he de reflexionar porqué los ciudadanos ya no tenemos flores ni pájaros, ni árboles, ni bancos donde sentarnos a la sombra, sino una enorme explanada donde abrasa el sol. Desgraciadamente el modelo de la Plaza Mayor se repite alllá donde vayamos, en la Puerta del Sol, en la Plaza de Callao, en la ampliación del Prado, etc.
La avaricia humana no tiene límites y hasta la sombra se ha privatizado.

1) Queda más espacio libre para las terrazas. Los árboles y los jardines quitan espacio para estas cosas. Si hubiera bancos a la sombra, la gente preferirá sentarse en ellos a hacerlo en una terraza con sombrilla y esto sería malo para el negocio de a) bares y b) ayuntamiento que recauda las tasas. El que quiera sombra que la pague.
2) La contemplación distrae: Si la gente pudiera sentarse a mirar a un árbol o unos pajaritos, ¿qué sería de las tiendas, de los bares…? de todos esos elementos que quieren captar nuestra atención de seres acelerados.
3) Queda más sitio para los mercadillos. Otro invento recaudatorio del Ayuntamiento. Cuanto más espacio libre, más monstruosidades como la de foto se pueden instalar. Esto genera beneficios a las empresas que los montan y desmontan y, como no, al Ayuntamiento.
Laa privación a los ciudadanos de sus espacios públicos tiene como único fin generar recursos recaudatorios al Ayuntamiento, recursos que son rápidamente devorados por parásitos como la ”alegre tropa” de Madrid 2016. Más que pensar en la calidad de vida de los ciudadanos, en lo que parecen pensar es en sacar pasta de donde sea con tal de elevar su status.
Sería una maravillosa conquista de la democracia librarnos de esos parásitos. Recuperaríamos nuestros espacios.
Y ahora… ¿Qué?

Este es el aspecto que tiene el polideportivo de mi barrio (Latina). Foto: nosolometro.blogspot.com
Está claro que a Gallardón no le gusta el deporte. Según cuentan algunos medios, jamás ha practicado deporte alguno y en su juventud huía despavorido al ver un balón. Su falta de amor por el deporte se traduce también en un escandaloso abandono de las instalaciones deportivas municipales, de ésas que no son para los deportistas de élite, sino para la gente.
Otro de los rasgos que caracteriza a un anti-deportista es no saber perder: echar la culpa a Jacques Rogge de su propio fracaso demuestra una actitud poco deportiva.
Un anti-deportista tampoco sabe jugar limpio: cuando mandó un espía a Río durante la visita del COI a esta ciudad lo demostró, y, sólo gracias a la caballerosidad de Lula no fue descalificado.
En fin, que se mire por donde se mire a Gallardón el deporte “como tal” no le hace mucho tilín.
El fracaso de la candidatura de Madrid 2016 nos deja un panorama inquietante de una ciudad con una deuda de 8.000 millones de euros, cuya financiación absorberá gran parte de los recursos futuros que se generen en la ciudad. Nuestro legado post-Copenaghe es el de un Alcalde enrabietado, y el de una ciudadanía cada vez más cabreada por los crecientes impuestos, por la precariedad de los servicios municipales recibidos y por el despilfarro Versallesco de nuestro Alcalde.
Tenemos que esperar a que Gallardón digiera el golpe.
Yo veo tres opciones:
1) Que “aterrice” y se ponga a trabajar por la felicidad de sus ciudadanos (para que, por ejemplo, no tengan que dormir al raso para conseguir una plaza de natación, y para que tengan escuelas infantiles y ludotecas, y puedan desplazarse en bici de sus espacios públicos).Esta opción le daría más opciones para la Presidencia que los Juegos y le tendría también la mar de entretenido, que es lo que quieren sus jefes de Génova.
2) Largarse a Génova dejando un agujero astronómico y una ciudad de tierra quemada de la que nadie quiera ni pueda hacerse cargo. Correr es de cobardes…
3) Seguir al pie del cañón y volverlo a intentarlo para el 2020. En este caso, al igual que para 2016 presumirá de apoyo popular. Ahí es donde los ciudadanos podemos exigir que la calidad de vida en la ciudad mejore y, si no lo hace podemos, entre todos, a través de redes sociales, Facebook, Twiter y lo que sea, dar a conocer al COI y al mundo, y en varios idiomas, por qué no apoyamos esta iniciativa. Nunca he tenido tantas visitas en mi blog como cuando puse de etiqueta Anti Madrid 2016 (hasta un blog alemán enlazó con el mío…). Esto me hace ser optimista y pensar que, por una vez, los ciudadanos tenemos la sartén por el mango: estamos a tiempo de evitar el desastre y de llevar el timón de la democracia. Es decir, que si no se cumple la condición 1, no habrá Juegos en 2020. Tampoco.
Préstamo de bicis en Madrid ¿para el turista o para el ciudadano?
Hace unos meses publicaba en este blog la mala noticia de que Madrid no tendría préstamo de bicicletas. Hoy se publica otra noticia: tendrá préstamo de bicicletas.
Es, en efecto, una buena noticia en una ciudad hipercontaminada donde – como nuevos ricos- seguimos haciendo un uso excesivo del coche. La parte mala de la noticia es que el nuevo servicio que el Ayuntamiento dará no está pensado para los ciudadanos, que algunos ya están hasta la coronilla de la megalomanía macroevéntica de este Alcalde, sino – una vez más- será un servicio para el turista.
Según cuenta hoy El País, a diferencia de la opción elegida en Barcelona, en Madrid, el abono podrá usarse por períodos cortos de un día o una semana. En Barcelona, en cambio, se ha hecho de forma anual para evitar que se convierta en un servicio turístico.
Es decir,que en Madrid, el préstamo de bicis, que pagaremos con nuestros impuestos los madrileños, incluidos ancianos y discapacitados, será un obsequio más que haremos a los turistas. Un colectivo - el de los turistas- que ya disfruta de nuestros espacios públicos -pensemos en quién usa las terrazas que inundan la Plaza Mayor, de nuestros mercados tradicionales, – pensemos en el Mercado de San Miguel- que más un mercado parece un decorado de cartón- piedra. Para los turistas se hacen museos en contra de las necesidades de los vecinos, como el innecesario Centro de Interpretación de la Muralla Árabe, en cuyas instalaciones los vecinos pidieron una Escuela Infantil.
En fin y que ahora, además, el turista tendrá un préstamo diario de bicis sufragado con nuestros impuestos. Un turista que cada vez gasta menos… y aporta no se sabe muy bien qué.
En fin, un mensaje al Alcalde: a ver cuándo nos sacudimos este complejo de ciudad subdesarrollada de Plan Marshall, que ningún extranjero, ninguna inversión venida de Marte, será la panacea capaz de poner fin al endeudamiento, a la contaminación,a la corrupción y la desidia municipales. Y a ver cuándo empezamos a trabajar -de una vez y en serio- por los ciudadanos. Que algunos ya estamos hartos.
Edit: más información
Por favor, que no hagan otro hotel
Siempre me pregunté porqué este palacio de la calle Duque de Alba se encontraba en tal estado de abandono. Al parecer la razón se encuentra en un largo pleito entre el Ayuntamiento (que expropió el edificio) y los antiguos propietarios (una constructora que pensaba hacer un hotel (cómo no…)
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Según publica El País una sentencia acaba de fallar a favor de la constructora, obligando al Ayuntamiento a revertir la expropiación. La causa es la siguiente: el Ayuntamiento expropió el inmueble (¡bien hecho!) por el procedimiento de urgencia (¡buena idea!) para construir equipamientos sociales (¡excelente iniciativa!), pero no hizo absolutamente nada (¡¡MAL!!), y esta dejadez es lo que ha sustentado la sentencia que ordena la reversión de la expropiación y la pérdida de un edificio que podría haber servido para equipamientos sociales.
Resulta, cuando menos, de una pésima gestión, expropiar un palacio para no hacer absolutamente nada con él. Es un abadono burocrático comparable a la telaraña administrativa que propició el nacimiento del caso Guateque. Pero no sólo es una cuestión de abandono burocrático: el problema se agudiza porque dicho innmueble está en el Distrito de Centro, con un déficit histórico de equipamientos sociales difícil de superar.
Convertir los palacios abandonados en hoteles de lujo es muy del gusto de Gallardón quien parece firmemente convencido de que el corazón de la ciudad sólo puede regenerarse a golpe de talonario. Los vecinos del distrito necesitamos centros de día, escuelas infantiles, centros de actividades…y una cosa está clara: el Alcalde tiene una deuda moral con los vecinos del Centro, por haber permitido el continuo expolio de edificios que podrían haber sido destinados a equipamientos. Está claro que Gallardón no va a ser Presidente del Gobierno, al menos que salde su deuda con los vecinos y así podrá dormir con la conciencia tranquila cuando sea viejecito.
Javier Marías: “Tengo un razonamiento”
Mi admirado Javier Marías publica en EL País Semanal un artículo de opinión con el que no puedo estar más de acuerdo. Se titula “Tengo un Razonamiento“, parafraseando el lema “Tengo una corazonada” con que el Ayuntamiento pretende promocionar la candidatura olímpica de Madrid. En el artículo, Marías carga las tintas contra la irresponsabilidad de nuestros responsables políticos que se empeñan en perseguir afanosamente las Olimpiadas para Madrid, cuando no se preocupan de la calidad de vida de sus habitantes.
La percepción de que los ciudadanos somos un estorbo para las autoridades no la tiene sólo Javier Marías y somos muchos los que la compartimos. Personalmente, no entiendo qué motivación ha llevado al Alcalde a invertir 70 millones de euros en obras innecesarias en el distrito Centro de Madrid, cuando las dotaciones sociales de mismo están muy por debajo de las recomendaciones de la Unión Europea.
Los vecinos del distrito centro no tenemos polideportivos, ni carril- bici, ni escuelas infantiles, ni centros de día para mayores, ni bibliotecas públicas, dotaciones que venimos reclamando con insistencia mientras vemos cómo el Ayuntamiento dilapida el presupuesto de nuestro distrito, no en satisfacer las necesidades de los vecinos (que son muchas), sino en obras sin criterio como levantar y volver a construir las aceras varias veces. Parece que se hayan vuelto histéricos.
Por lo demás, dudo de que la estadística municipal que cifra el apoyo popular a la candidatura de Madrid para las Olimpiadas en un 90 por ciento, sea cierta. Habría que ver en qué términos se ha planteado la encuesta y a qué personas. Porque, sin duda, en los tiempos de restricción presupuestaria que vivimos, pocos dudan de que haya otras prioridades de gasto público. Un ejemplo, la Caja Mágica (que nadie sabe muy bien para quién es y para qué sirve) ha costado 160 millones de euros. Lo mismo que 75 escuelas infantiles.
Cito uno de los párrafos del artículo:
“Todas esas autoridades, si de verdad quisieran una Olimpiada, lo primero que harían sería permitir vivir aquí. Es decir, pasear, respirar, trabajar, descansar, dormir. Dejarnos en paz. Es ya una cuestión de supervivencia: somos nosotros o ellos. Que se vayan ellos, por favor.”
AMÉN
No es Ciudad para Niños
Leo en el blog Cuesta Arriba las desventuras de un minusválido de visita por el Centro de Madrid. Con un notable sentido del humor, un joven discapacitado narra su periplo para encontrar un aseo público para minusválidos en los aledaños de la Plaza de Oriente. Más fácil le sería encontrar la piedra filosofal.
Como madre que desde hace año y medio me veo obligada a empujar una sillita por el centro de Madrid he llegado a sentir en mis propias carnes las dificultades con las que se enfrentan a diario los minusválidos. 
El grave déficit de Escuelas Infantiles en nuestro Barrio (la lista de espera de la única Escuela Infantil, “La Paloma” tiene varios folios), unida a la sordera con que los responsables políticos han atendido a las pretensiones de los vecinos, determina que, hasta que las cosas cambien en esta ciudad, tengamos que resignarnos y buscar una Escuela Infantil en una zona lo más próxima posible que, por lo general, suele estar a varios kilómetros de nuesro barrio.
Resulta, pues, necesario recurrir al transporte público. Y aquí es donde empiezan los problemas de movilidad.
La mayoría de las estaciones de metro no están adaptadas y siempre están las dichosas escaleras. Subir y bajar cada día tres tramos de escaleras cargando la sillita a pulso (unos 20 kgs en total) la pone a una de muy mala leche, además de generar todo tipo de dolores de espalda que hacen nuestra vida más y más estresante.
La única opción es desplazarse en autobús. Afortunadamente, desde hace dos años, está permitido entrar con cochecitos de bebé en el bus. Pero la mayoría de los autobuses de la EMT no permiten más de un carrito (o silla de minusválidos), lo cual significa que si estás en la parada con tu bebé, cociéndosele el cerebro a 40º y llega el tan ansiado autobús, a ciertas horas, es muy probable que ya haya una sillita y tengas que esperar una media de ocho o diez minutos mientras el cerebrito de tu bebé continúa en ebullición a pleno sol mientras inhala dióxido de carbono.
A veces, algún conductor piadoso nos deja subir a pesar de que haya una sillita dentro. Pero, entonces, es posible que dentro del autobús, haya alguna señora amargada que proteste por ello (no exagero, me ha ocurrido ya dos veces) y me recuerde que ella crió a sus hijos sin tales “privilegios” y que no es “lógico” que los carritos de bebé puedan subir a los autobuses. Entonces, directamente, surge de mí la “madre-leona” que llevo dentro y el resultado de ello es que dejo a la señora hecha trizas.
Luego reflexiono y llego a la conclusión de que tal vez esa señora es “así” porque durante su vida nadie se ha ocupado de que tuviera el más mínimo bienestar y ha tenido que hacerse cargo ella sola de la crianza de los hijos en unas circunstancias ciertamente penosas.
Inevitablemente dentro de unos años no quiero ser una amargada como esa señora, ni que mis conciudadanas lo sean tampoco. Así que haré todo lo posible por romper esa cadena, desde mi modestísima posición de bloguera.
Ya se me ocurrirá algo…
Ojos que no ven…
¿… pulmones que no sienten?
Esta adaptación del viejo refrán (estilo peras y manzanas) debe de ser lo que ha llevado a Ana Botella, concejala de Medioambiente del Ayuntamiento de Madrid, a promover una “nueva distribución” de los medidores de polución en la capital.

Ana Botella ha tenido una idea buenísima
Según informa el diario El País, esta “redistribución”, tendrá por objeto dejar de medir algunas de las partículas más contaminantes del tráfico y “relocalizar” los actuales medidores llevándolos a zonas más apartadas de Madrid, donde haya menos polución.
Algunos ya vaticinan que la nueva distribución conducirá a la pérdida de toda la “memoria histórica” de la polución en Madrid, y que, en lo sucesivo, no será posible observar cuánto ha evolucionado en los últimos años…
Un momento…
Esta objeción sólo es para los muy listos.
Para el resto, aquéllos que no piensen tanto y se limiten a picar los datos en una hoja de cálculo sin preguntarse de dónde vienen, sí será posible y ¡milagro!, las gráficas reflejarán una caída y dentro de unos años ya nadie se acordará de dónde estaban los antiguos medidores si es que existieron alguna vez. O tal vez pasarán a formar parte de alguna leyenda urbana que cuatro pirados (entre los que me incluyo) nos dedicaremos a repetir machaconamente hasta que alguien nos encierre en un manicomio.
Lo de la contaminación es insufrible, de eso no hay duda y tratar de camuflarla de una manera tan burda es un insulto a la ciudadanía, pero lo cierto es que esta señora empieza a hacerme gracia… no dudo de que tenga buena intención, y que estará ilusionada con su cargo, pero es que es tonta de remate, o al menos piensa que los demás lo somos.
Hagamos memoria, primero se dedica a culpar a masas descontroladas de aire africano de la contaminación de Madrid y a recomendarnos que no hagamos deporte al aire libre para que no nos pongamos malitos y, más tarde, decide que hay que conseguir que los índices de polución de Madrid bajen “como sea”.
¿y qué mejor manera que esta? Si es que cuando Ana se pone…
Bienvenido, Mr. COI
Con 50.000banderolas colgando de las fachadas… al más puro estilo de una peli de Berlanga. Así recibirá Gallardón a los miembros del COI en su visita oficial a Madrid los próximos 4 a 6 de mayo de 2009. Según dice la página del Ayuntamiento, a los señores del COI les enseñarán la Caja Mágica, Madrid Arena, y otras hermosuras faraónicas con las que Gallardón, tan amorososamente, ha ido tejiendo la trampa financiera en que se ha convertido esta ciudad.
Lo que no verán los señores de COI es cuál es la realidad del deporte en Madrid. La realidad de una ciudad demasiado contaminada para ir en bici. Tampoco verán el Polideportivo de la Cebada, que lleva cerrado casi un año, sin que nadie haya invertido un sólo céntimo en acondicionarlo.
La escasa preocupación del equipo municipal por promocionar el deporte de base contrasta con las obscenas inversiones en proyectos tan delirantes como La Caja Mágica, a la dediqué un post hace algunas semanas.
Y esta falta de cuidado sólo puede explicarse por el desmesurado afán de poder del Alcalde Gallardón y su irrefrenable deseo de medrar a toda costa, codearse con los grandes entre los grandes y llegar algún día a presidir, como no se molesta en ocultar, el Gobierno de la Nación. Igual que un trepa pisotea con tal de llegar lejos, Gallardón -trepa empollón donde los haya- pisotea el bienestar de los vecinos del barrio de Palacio a los que parece especialmente afanado en torturar, cerrándoles el Polideportivo de la Cebada, rechazando su petición de una Escuela Infantil o expoliando el Parque donde juegan sus hijos para llenarlo de edificios eclesiásticos.
Y ahora está dispuesto a embarcarnos a todos en esta trepidante aventura de conseguir los Juegos Olímpicos para Madrid 2016. Sinceramente, no veo que la ciudad rebose de entusiasmo por conseguirlo. Tal vez tendrá que hacer un casting para que unos figurantes agiten esas banderolas con entusiasmo o elegir a los vecinos menos cabreados con su gestión, lo único que me temo es que le va a costar encontrarlos.
Y ahí va el vídeo del inolvidable Americanos para que los voluntarios se vayan inspirando:
El Ayuntamiento recomienda no coger hoy la bici por la contaminación
Tiene narices la cosa…
Según publica Madridiario, estos elevados niveles de contaminación atmosférica se deben a unas partículas en suspensión llamadas PM 10. Cito lo que dice Wikipedia sobre el tema: las partículas PM-10 están formadas principalmente por silicatos, aluminios, y metales pesados entre otros, y material orgánico asociado a partículas de carbono (hollín) que proceden de las emisiones contaminantes provenientes de los vehículos a motor y “en menor medida” a polvo africano. Entre sus efectos sobre la salud, suelen citarse tos, asma, y, en el caso de los metales pesados, cáncer.
Preocupante, muy preocupante.
Y llegados a este punto, vamos a ver cómo aborda este problema el Ayuntamiento de Madrid:
Para empezar, mintiendo sobre las causas. Ya es costumbre que el Departamento de Medioambiente eche la culpa a unas “masas de polvo africano”, sin mencionar en ningún momento menciona otra serie de causas atribuibles a su desastrosa política de movilidad. Esas partículas descontroladas que viajan desde África hasta España sin control son , a juicio del Ayuntamiento, las responsables de que el ambiente se haya vuelto irrespirable…
Y luego, íntimamente relacionado, está el absurdo y delirante consejo que se deriva de la situación: no practiques deporte al aire libre.
¿Por qué no aconsejan a la gente que utilice el transporte público, o se desplace a pie o en bicicleta? Muy sencillo, porque dar esa clase de consejos implicaría reconocer que la causa de la contaminación no está en el polvo africano, sino en las emisiones de los coches. ¿y porqué hay cada vez más emisiones P-10? Gallardón y su equipo serían señalados como responsables de haber propiciado el desarrollo de unas infraestructuras de movilidad que no sólo han arruinado a la ciudad, sino que además, han vuelto irrespirable nuestro aire. Y ese juicio no interesa demasiado que se haga.
Por tanto, madrileños, no penséis, no hagáis juicios críticos, que eso de pensar es para los listos. Y simplemente, tomad nota del consejo que generosamente se os da de no practicar deporte al aire libre. Meteos en vuestro coche, cerrad bien las ventanillas, y poneos a circular por una de las muchas macroavenidas de cinco carriles tan estupendas que, gracias a nuestro Alcalde hay en la ciudad.
Pero no se os ocurra coger la bici ¡NI LOCOS!!
Visto en Menéame.
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