Centrodemadrid

No es Ciudad para Niños

Posted in madrid by centrodemadrid on mayo 29, 2009

Leo en el blog Cuesta Arriba las desventuras de un minusválido de visita por el Centro de Madrid. Con un notable sentido del humor, un joven discapacitado narra su periplo para encontrar un aseo público para minusválidos en los aledaños de la Plaza de Oriente. Más fácil le sería encontrar la piedra filosofal.

Como madre que desde hace año y medio me veo obligada a empujar una sillita por el centro de Madrid he llegado a sentir en mis propias carnes las dificultades con las que se enfrentan a diario los minusválidos. madrid-autobuses

El grave déficit de Escuelas Infantiles en nuestro Barrio (la lista de espera de la única Escuela Infantil, “La Paloma” tiene varios folios), unida a la sordera con que los responsables políticos han atendido a las pretensiones de los vecinos, determina que, hasta que las cosas cambien en esta ciudad, tengamos que resignarnos y buscar una Escuela Infantil en una zona lo más próxima posible que, por lo general, suele estar a varios kilómetros de nuesro barrio.

 

Resulta, pues, necesario recurrir al transporte público. Y aquí es donde empiezan los problemas de movilidad.

La mayoría de las estaciones de metro no están adaptadas y siempre están las dichosas escaleras. Subir y bajar cada día tres tramos de escaleras cargando la sillita a pulso (unos 20 kgs en total) la pone a una de muy mala leche, además de generar todo tipo de dolores de espalda que hacen nuestra vida más y más estresante.

La única opción es desplazarse en autobús. Afortunadamente, desde hace dos años, está permitido entrar con cochecitos de bebé en el bus. Pero la mayoría de los autobuses de la EMT no permiten más de un carrito (o silla de minusválidos), lo cual significa que si estás en la parada con tu bebé, cociéndosele el cerebro a 40º y llega el tan ansiado autobús, a ciertas horas, es muy probable que ya haya una sillita y tengas que esperar una media de ocho o diez minutos mientras el cerebrito de tu bebé continúa en ebullición a pleno sol mientras inhala dióxido de carbono.

A veces, algún conductor piadoso nos deja subir a pesar de que haya una sillita dentro. Pero, entonces, es posible que dentro del autobús, haya alguna señora amargada que proteste por ello (no exagero, me ha ocurrido ya dos veces) y me recuerde que ella crió a sus hijos sin tales “privilegios” y que no es “lógico” que los carritos de bebé puedan subir a los autobuses. Entonces, directamente, surge de mí la “madre-leona” que llevo dentro y el resultado de ello es que dejo a la señora hecha trizas.

Luego reflexiono y llego a la conclusión de que tal vez esa señora es “así” porque durante su vida nadie se ha ocupado de que tuviera el más mínimo bienestar y ha tenido que hacerse cargo ella sola de la crianza de los hijos en unas circunstancias ciertamente penosas.

Inevitablemente dentro de unos años no quiero ser una amargada como esa señora, ni que mis conciudadanas lo sean tampoco. Así que haré todo lo posible por romper esa cadena, desde mi modestísima posición de bloguera.

Ya se me ocurrirá algo…

Una respuesta

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  1. Chelo said, on junio 1, 2009 at 2:48 pm

    siento tener que decir que llevas toda la razón del mundo…


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